Atrapados sin salida en una formación del subte A

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Hace tiempo ya que la práctica del resentimiento en numerosas áreas de la vida cotidiana, es una realidad difícil, permanente y contagiosa en nuestro país. Por supuesto que existen otras actitudes y comportamientos…por ahora, digamos en crecimiento…

Desde ese perfil, resentido, todo vale, “caiga quien caiga”…mientras no sean  familiares ó amigos…

En los últimos diez años, ser “rehen” pasó a ser una lamentable costumbre argentina…

El servicio de transporte está garantizado por la Constitución Nacional, cuando no se cumple, quién se hace responsable?

Existe un protocolo de emergencias, se elaboró para llevarlo a cabo desde una necesidad determinada, donde lo humano es fundamental. Muy lejos de ser un capricho empresario…

Porque el que viaja en tren, subte, colectivo, de lunes a sábado en horarios considerados pico, no va de shopping …

Va llegando el momento, de comenzar a practicar el respeto hacia el usuario, quién, además es, en definitiva, el que con su pago, sostiene el servicio.

Si existen fallas, solucionárlas. Si existe personal que no se encuentra a gusto con el trabajo que realiza ó se encuentra estresado, ver de qué manera canalizar las diferentes situaciones, sin que estas recaigan, de una manera ó de otra, sobre quienes dependen del transporte público para llegar a sus empleos, servicios de estudios médicos, etc…

Porque 500 personas quedaron atrapadas en una formación del subte A entre las estaciones Loria y Plaza Miserere durante veinte minutos.

Porque un rehen, es ante todo, un ser humano privado de su libertad.

Desde la angustia y la desesperación, los pasajeros del primer vagón, rompieron los vidrios y comenzaron a auto-evacuarse.

Les pregunto a los prohombres, que hubiera pasado si algún claustrofóbico/a hubiera fallecido como consecuencia de esta pesadilla?

Porque no existe nada que justifique que estos usuarios hayan permanecido con las puertas trabadas, a oscuras y sin ventilación durante esos veinte minutos, una eternidad en estas condiciones infrahumanas…El comportamiento del “motorman” también deja algunos interrogantes…

El transporte no es propiedad privada de nadie…Se trata de un servicio esencial destinado a toda la comunidad garantizado por la Carta Magna de nuestro país…