Calesitas porteñas: el consumo decayó un 50%

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La venta de los boletos decayó drástica  y masivamente. La sortija, más deseada que nuca para la segunda vuelta y las sutilezas para buscar diversiones cada vez menos costosas para los más chicos.

Las calesitas son una de las diversiones más antiguas y sanas que tiene la Ciudad para los más chicos, son  pocos los que se resisten a su encanto y aunque las tecnologías nuevas invadan la actualidad, el encanto de las calesitas no decrece.

A pesar de ser uno de los juegos más económicos que ofrecen algunas plazas o parque de la Ciudad las calesitas también sufrieron un aumento en el costo de los mismos para poder seguir manteniéndolos y aunque este incremento no fue demasiado significativo, el uso de lo mismo se redujo al 50%.

Antes los chicos le pedían a los calesiteros que les dejarán sacar la sortija para tener otra vuelta gratis, ahora son los padres los que piden la sortija para sus hijos para ahorrar un poco.

Las calesitas porteñas no pasan por su mejor momento y luchan para sostenerse en pie, en una época en que la venta de boletos para dar una vuelta cayó  por debajo del 50% ciento.

En todo el territorio porteño se hay 54 calesitas que pagan un canon mensual de $2.560 al gobierno de la Ciudad por estar ubicadas en plazas. Si bien cada vuelta cuesta entre $20 y $25, a los padres se les hace cada vez más difícil acceder. “Antes los padres te sacaban 10 tickets, hoy no más de dos. Con tantos pedidos, la sortija ahora la doy entre 5 o 6 veces por vuelta. La gente está muy gasolera y los padres reclaman cada vez más vueltas gratis”, explicó Miguel Angel Vignatti, vicepresidente de la Asociación de Calesiteros y afines de la República Argentina.

Los gastos que afrontan los propietarios de las calesitas son varios y deben necesariamente subir los cotos para poder sostener el espacio.

“Pagamos el canon, ingresos brutos, monotributo, luz, seguro y emergencia médica, entre otros. Sólo los gastos de luz rondan los $3.000. Invertimos en pinturas para que se vean lindas  contó Carlos Pometti, secretario de la Asociación de Calesiteros.

Generalmente son los fines de semana donde las calesitas giran sin parar. El resto de los días la actividad se ve muy parada.

A la competencia con las nuevas tecnologías se le suman la difícil realidad de enfrentarse al costo de los servicios y la imposibilidad de los padres de poder pagar varias vueltas a los costos actuales.