El artey los jóvenes

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En los tiempos actuales, las escuelas, desafían cotidianamente las formas de enseñar el arte porque los niños tienen una apertura mental que les permite apreciarlo sin prejuicio. Por ello, se apunta a encontrar un nexo entre el lenguaje de la escuela y el de la vida cotidiana para ser un sujeto crítico.

Esto ayuda a desarrollar el nivel de interés en los chicos, cuando se explica el contexto en que el arte está hecho, por quién, cuándo y con qué motivación. Es sabido que la expresión artística de un individuo puede despertar una respuesta diferente en cada persona. Pero, ¿qué ocurre cuando terminan su período de escolaridad media y no asisten a un Profesorado de cualquier rama del Arte y quedan flotando en sus gustos, los dibujos, los garabatos con estilos o los graffitis que tanto apasionan a los adolescentes y no encuentran espacios en la sociedad para expresarse?

Al investigar el significado de graffitti, nos encontramos que se remonta al estilo o punzón con que escribían los antiguos en las tablillas de carácter satírico o crítico; o pintura, generalmente sobre mobiliario urbano.

Aquí es donde el trabajo realizado en las escuelas de los distintos niveles, de mostrar que el arte no es una mera visita a un museo o de unos pocos buenos dibujantes sino que todos tienen habilidades y pueden expresarse por medio del dibujo, de la pintura, y no está separado de la vida cotidiana; se desvanece, pierde sentido, en ese recorrido que hace cada adolescente cuando sale a pintar por las calles de la ciudad o de un barrio.

El Sistema Educativo logró un equilibrio entre la aproximación de una obra y el entrenamiento en el conocimiento de los códigos formales para apreciarla y sigue siendo fundamental que las instituciones se comprometan con las materias artísticas, respetando sus espacios y alentando nuevos proyectos. Proyectos que deben trascender en la Comunidad, tomarse desde el Estado y unificarse con los espacios públicos tan venidos a bajo, descuidados por las políticas culturales, de espacios públicos, sociales y por los mismos ciudadanos.

Impulsamos que es bueno que los chicos, muestren sus trabajos unos con otros y opinen, para que aprendan a hacer o aceptar críticas. ¿Pero qué nos pasa cómo sociedad, cuándo nos encontramos frente a un graffitero que deja su impronta en una pared, en un baldío, en un subte o en un tren. Nos indignamos, no le damos importancia, dejamos o no que suceda? ¿O es como dijo Jorge Luis Borges: “Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas suelen referirse a doctrinas contrarias a las suyas”?

Por lo cual, hay que marcar una gran diferencia entre aquellos que pintan para publicidad política o por un insulto, cualquiera sea el lugar. Este artículo hace referencia a aquellos que realmente hacen arte por medio de un dibujo o de una palabra.

Lamentablemente, la Justicia por medio de la Ley señala sin discernimiento alguno y trata a todos por igual, es decir, da lo mismo aquel que ensucia o mancha una pared por aquel que expresa su arte. Pero la Ley expresa lo siguiente: La preservación de los espacios, Código Contravencional de la C. A. B.A.-Ley N° 1.472 Protección del uso del espacio público o privado Capítulo II – Uso del espacio público y privado Artículo 80 – Ensuciar bienes. Quien mancha o ensucia por cualquier medio bienes de propiedad pública o privada, es sancionado…” es algo ilógica en su redacción, dejando al azar su interpretación. Dado que en la práctica, las personas involucradas en hacer efectiva está ley, no ven otras aristas y es ahí donde volvemos a fallar cómo sociedad, para nuestros jóvenes. ¿Por qué? Porque los formamos en la Cultura del Arte pero no le brindamos luego, espacios para que fluya su saber, practicidad, despliegue artístico, entre otras cosas.

Sin embargo, las clases de plástica o sus respectivos talleres les permiten acceder a un mundo donde se juega con el pensamiento. Pensamiento que es coartado en su egreso escolar. Con esto No se justifica el daño a la propiedad pero sí, es momento de sentarnos a debatir, reflexionar sobre que actitud de pensamiento brindamos cuando se ingresa al mundo adulto. El código expresa ensuciar ¿y pintar con una finalidad es ensuciar, manchar? ¿Todo es delito? ¿Acaso puede enmarcarse una expresión de arte plástica en un delito? No.

Hoy transitamos el siglo XXI y nos encontramos con escraches, cortes de calles, piquetes, entre otras formas de manifestación; y pocos son detenidos por contravención. Por eso, resulta alarmante, saber que cada vez son más los adolescentes que se dedican a manifestar su arte y, en consecuencia, éstos ingresan a un mundo delictivo, cuando son detenidos/ demorados, generándoseles contravenciones/causas con multas de alto costo monetario, sabiendo que no tienen trabajo, por no haber podido ingresar aún, al mundo laboral.

Está en nosotros que sea vital que los jóvenes miren el futuro sin miedo y sin tanta incertidumbre. Porque es común caer en la intención de ocuparse de los jóvenes que no queremos para el país pero en la acción concreta dejamos de ocuparnos por los jóvenes que queremos para este país y para la sociedad que conformamos. Hay adolescentes que son marcados por la pobreza, la baja calidad educativa, las adicciones en todas sus formas y la brutalidad de las relaciones sociales en donde busca insertarse. Cada joven tiene partes sensibles que van afectando su ser y genera daños irremediables en su adultez.

Hay lugares que podemos ofrecerles y espacios que podrían mejorar. Así como no queremos niños mendigando, carentes de familia, jóvenes que deciden delinquir, tampoco tendríamos que querer cortar la libertad de expresión artística de estos jóvenes. El dramaturgo inglés Ben Jonson dijo: “El arte tiene un enemigo que se llama ignorancia”, no dejemos, entonces, que la ignorancia se adueñe de nosotros y coloquemos dentro de la misma bolsa a todos aquellos jóvenes que intentan expresarse de un modo distinto al que los adultos estamos acostumbrados a utilizar. No nos olvidemos que el arte es la expresión del alma que desea ser escuchada; no hagamos oídos sordos, pues, y escuchemos qué es lo que estos jóvenes tienen para decirnos.

Reflexionemos: ¿qué nos está pasando como sociedad que dejamos que esto siga pasando? ¿dónde quedan los Derechos del Niño/a y Adolescente a la libertad de expresión? Es cierto que todo derecho termina cuando comienza el derecho del otro pero ese límite lo estipulamos los adultos. Enseñemos a transitar este pasaje a la adultez mostrando desde quiénes tienen cierto poder, algo más ameno, sin rechazo, sin provocar malestar a nuestros jóvenes. Es importante que no se fracture más el pasaje del adolescente escolar con el de la sociedad adulta.

Podemos elegir entre: -Ser un observador del crecimiento de nuestros hijos o de nuestros alumnos, o –un ser que participa y se compromete