Rodolfo Leiro: “EL VASCO DE LA CARRETILLA”

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Fue un acontecimiento en mis tiempos de purrete callejero y hoy, imprevistamente, un 17 de octubre de 2012 apareció en mi memoria como si un petardo de nostalgias estallara esta semblanza.

Tuve que recurrir a las referenciass que nos ofrece Internet, ya que aparte del recuerdo carecía de fechas exactas, así que he decidido hurtar las antecedentes, para ofrecerlos a los lectores del presente.

Fue la comidilla y comentario de todo mi pueblo, Junín, en la Provincia de Buenos Aires.

Se llamó Guillermo Larregui, conocido como “El Vasco de la Carretilla”, de origen Navarro, nacido en Pamplona (España) un 27 de noviembre de 1885.

En 1930 se lo ubica trabajando en las perforaciones petroleras de Cerro Nagüel (Chubut).

Seguramente “picado” por las referencias que llegaban al País en el sentido de que los norteamericanos se arrogaban las mayores hazañas, por lo que, humilde pero desafiante, mencionó que era capaz de llegarse a la Ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, empujando una carretilla con 199 kilogramos de peso y decidido, como todo vasco, se despidió de sus amigos, a quienes no volvería a ver y un 25 de mayo de 1935, emprendió su formidable y primer viaje, llegando a Buenos Aires, precisamente un 25 de Mayo, pero de 1936, una circunstancia que se reflejó en los diarios de la época y su figura y su carretilla aparecieron en los principales medios periodísticos de aquel entonces.

Decide donar su carretilla con sus enseres al Museo de Luján, Provincia de Buenos Aires, Argentina y con una nueva carretilla emprende un largo viaje, por caminos de todo tipo, hasta encontrarse en Tucumán, desde donde se dirige posteriormente hasta Mendoza, cruza los Andes, aparece en Santiago de Chile, obsequia su carretilla a otro vasco residente en el hermano País Chileno, llamado Pedro Arregui.

Una nueva carretilla para don Guillermo Larregui, vasco incansable, decidido, entusiasta en su propósito, que va por caminos muchas veces intransitables, llevando su glorioso tesón de vasco incomparable.

Llega a Bolivia, a la Ciudad de la Paz de los hermanos Bolivianos, torna después a Argentina, aparece por las Cataratas del Iguazú, que lo deslumbran.

Le prometen un subsidio que no llegará nunca, por que las promesas incumplidas de mi Argentina no son de ahora.

Vienen de antaño.

Allí transcurren, quizás en cada sueño memorando sus interminables caminatas, sus imborrables hazañas, hasta que la muerte, lo espera un 9 de junio de 1964.

Ha sido solo un recuerdo de mi vida de purrete.

Desde ese humilde rincón de mis primeros pasos, le otorgo a este vasco incomparable, esta diadema de recuerdos que forjo con mi verbo de nostalgias.