TEATRO BOEDO

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Cuando suelen sobrevenir recuerdos y añoranzas que han dejado marcas en nuestra mente y nuestro corazón, esas huellas distintivas se hacen indelebles y nos acompañarán para siempre.
Rememorando las bodas de plata de Nuevo Ciclo y habiendo compartido en sus publicaciones convivencias que se involucran en la tradición de nuestro barrio, rehabilitamos algún dato desarrollado en el trabajo sobre el Teatro Boedo expuesto en el primer Congreso de Historia del barrio desarrollado en 1996.
Un peculiar hecho los aviene, el 21 de julio de 1918, su inicio teatral presentando la Cía. Arata – Brieva representando “El tío soltero” de Ricardo Hickens, y el 21 de julio de 1959 comenzando el trabajo de demolición dejando en penumbras una sala que supo encender sus candilejas durante más de 40 años, hasta la última escena que protagonizaran Tincho Zabala y Marianito Bauzá en “Dos señores atorrantes”.
La empalizada supo convertirse en sencillo santuario para la tristeza de la gente que en su modesto homenaje solía depositar una flor.
Recordar y reconocer personas involucradas en la vida del Teatro Boedo nos permite valorar al escritor y crítico teatral Don Alberto P. Cortazo quien influyó con su prédica para convencer a Don Jaime Cullá, quien hizo construir la sala, que en 1916 comenzó a funcionar como cine, a volcar su actividad en espectáculos teatrales con exitoso resultado que permitieron equilibrar finanzas por créditos comprometidos durante la construcción del teatro.
Otro nombre de vital importancia fue sin duda Don Alfredo Lamacchia, quien desde su infancia convivió con sacrificio en su propio crecimiento forjado de trabajo y modestia. Su prédica de diarios voceando y trepando a los tranvías y ómnibus templaron su espíritu, recompensado muchas veces al concluir el reparto diario con el acceso al Teatro Boedo merced a la buena voluntad del personal de la sala que lo veía entusiasmado con los dramas que se desarrollaban en el escenario, parecidos en muchos casos a su propia vida y a su propio hogar.
Su atención a las obligaciones despertó en el distribuidor mayorista de periódicos el deseo de ofrecerle que le secundara en dicha función, que fue ejerciendo y dominando hasta convertirse en promotor de su propio crecimiento.
Su amor al teatro lo vinculó a la actividad teatral de los teatros Variedades y Apolo.
Su íntimo anhelo se concretó en 1936 cuando Don Jesús Seoane, un respetable vecino de Boedo, adquiere al Sr. Cullá la propiedad del teatro, arrendando a su vez a los señores Lamacchia y Otegui la administración del mismo durante diez años.
El 31 de octubre de 1946 concluye el contrato que ligaba a los administradores con el alquiler de la sala, por lo que se desarticula el carácter estrictamente teatral que la caracterizaba.
El señor Oscar Bellini, hijo del empresario del cercano cine Los Andes, arrienda el teatro concordando con la Cía. Cinematográfica Del Plata SRL. para la explotación como cine y a partir del 7 de noviembre de 1946 se inaugura esta etapa poniendo en pantalla “La tía de Carlos”, proyectándose además otras dos películas, los días miércoles actuaban los exitosos radioteatros que despertaban el interés entre los oyentes, presentando figuras como; Audón López, Adalberto Campos, Susy Kent, Arsenio Mármol, Jorge Salcedo, Carmen Valdés, etc.
A partir de 1951 se hace cargo de la locación el Sr. Juan Papayanis, manteniendo el acuerdo con Cinematográfica Del Plata, funcionando preponderantemente como cine.
Cercenadas las voces que alentaban la actividad teatral, fue despertando en la colonia artística primero sorpresa, luego bronca convirtiendo en persistente reclamo reivindicar los espectáculos teatrales, a fines de 1953 se llevó a cabo una convocatoria en el Cine Teatro El Nilo, donde entre otras voces se escuchó la palabra del jerarquizado actor y orgulloso boedense Don Pedro Tocci. Aquella prédica tuvo merecido premio a la constancia al reconquistar el escenario nuevamente.
Don Alfredo Lamacchia, incansable promotor de cuanta actividad apoyara al teatro, se hace cargo nuevamente del Boedo a comienzos de 1954, asumiendo junto a los Sres. J. Carbone y S. Ortiz un contrato por el término de dos años. Su gestión permitió que la comuna de la ciudad de Buenos Aires, en razón de las demoras que sufría la construcción del Teatro Municipal Gral. San Martín y habiendo contraído compromisos contractuales, arrendó la sala durante 90 días al valor de $40.000.- mensuales para dar continuidad al ciclo programado, logrando recuperar la vida teatral en el Boedo.
La dirección a cargo de Don Antonio Cunil Cabanellas significó una garantía de calidad poniendo en escena el 18 de marzo de 1954 “La mala reputación” de Don José González Castillo, pieza elegida en recuerdo de este gran cultor y propulsor de toda actividad artística y cultural, cuya figura se entrelaza con las páginas más representativas de la historia del Teatro Boedo.
El ciclo se completó con piezas y autores reconocidos, presentando “Los mirasoles”, “En familia”, continuando con “El festín de los lobos”, siempre bajo la destacada dirección de Cunil Cabanellas y la escenografía de Luis Diego Pedreira, la temporada concluyó con “La tía soltera” de Pedro S. Pico.
Al finalizar el contrato que ligaba a los Sres. Lamacchia, Ortiz y Carbone se hace cargo de la locación un grupo empresarios compuesto por los Sres. David y Pedro Corti y José Filgueiras.
Superado el segundo semestre de 1956 se produce el reestreno del vodevil “Canuto Cañete, conscripto del 7” a cargo de Agustín Castro Miranda, con notorio éxito. Esta presentación contó con el valor agregado de reivindicar un lamentable hecho sucedido durante la temporada 1942 / 43, cuando la Cía. Dardés – Bono- Pastore representaba la pieza antedicha, cuyo título original era “Le tapón du Capitain”. El suceso de esta pieza se ve conculcado como consecuencia de la revolución del 4 de junio de 1943, que procedió dos días después de esta fecha, a clausurar el teatro, por orden de las autoridades triunfantes aduciendo que se ridiculizaba a la institución castrense, a pesar que el vestuario respondía a ropa de fajina de las tropas francesas, según mención original de la obra.
Por 1957 del arrendamiento del teatro se hacen cargo los Sres. Jorge Carbone, Luis Lamacchia (hijo de Alfredo) y como administrador habilitado el Sr. Saturio Ortiz.
El 6 de noviembre de 1957 el Sr. Ricardo Passano (h), Noemí Laserre, Ricardo Lavié, Cristina Berys, con Mecha López, Alba Garro, Juanito Belmonte, Luis Yané y Luis Schiavo presentan “Esta noche llueven hijos” de M. Mayo y M. Hennequin, adaptación de Roberto Tálice y Ángel Guroto, recuperando la modalidad de trabajar en cooperativa impuesta 35 años antes, por el inolvidable actor y director Don Pedro Zanetta.
A mediados de 1958 la sala es retomada por su propietario Don Jesús Seoane, quien continuó con la actividad teatral, actuando la Cia. de Tomás Simari con Ángeles Martínez, Adelaida Soler, Pascual Pelliciota, estrenando la pieza de Julio A. Burón “Con lumbago o reumatismo usted se casa lo mismo”, la misma Cia. ocupa la escena el 2 de julio de 1958 con la comedia en tres acto de Carlos de Paoli “Padre Tarantela”.
El domingo 10 de agosto actúa Juan Carlos Chiappe, con Totón Podestá y Omar Aladio, reprisando “El tren de las ocho” costando el boleto a platea o pulman $ 16.-
El 6 de noviembre la Cia. de Comedias Cómicas que lideran Olinda Bozán y Héctor Calcagno, ofrecen la comedia “Las chicas ya tienen novio” de Manuel A. Meaños.
A fines de 1958 resuenan los últimos aplausos convertidos en adiós definitivo, tras un telón que se llamó a silencio para siempre.
Consignemos que desde comienzos de la década del ’20, durante las fiestas carnestolendas la sala se vistió de música y color brindando alegres espectáculos acompañados por un público entusiasta.
La variada programación que incluía Centro Murgas de gran nivel, con destaques y figuras atrayentes, contorsionándose al ritmo de notables conjuntos musicales contagiando al público en sus butacas, estos espectáculos que se extendían durante 5 o 6 horas se complementaban con malabaristas, grupos humorísticos, centros corales, conjuntos de arte nativo, ilusionistas, payasos e imitadores que sorprendían sin pausa hasta altas horas de la madrugada.
Evocamos en esta nota a figuras y personajes alejados del escenario, pero aliados fuertemente al quehacer popular y cultural arraigado en Boedo pero abierto a toda la ciudad.
Carlos Kapusta