Vamos a “Lo de Hansen”.

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Así se referían los concurrentes al hoy mítico lugar de la noche porteña y el tango, cuando hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX , se trasladaban a los bosques de Palermo en busca de sensaciones diferentes , entroncadas con la ensoñación de las noches de diversión, junto a “la barra y las mujeres alegres”, en el  local que regenteaba el alemán Juan Hansen en las actuales Figueroa Alcorta y Sarmiento, junto al actual Club de Amigos.

 

El edificio tenía la forma de una letra L, conformando en su ángulo interior una glorieta con glicinas donde mesas de bases metálicas con tablero de mármol recibían a las familias durante el día y reflejaban a los “calaberas” durante la noche, hasta altas horas de la madrugada, con el fondo musical de los primeros tangos: La Morocha , El Choclo, Don Juan …, interpretados  entre otros por  Ernesto Ponzio “el pibe Ernesto”, Enrique Saborido, Luis Teisseire y luego el piano inconfundible de Roberto Firpo.

 

Sin embargo el apogeo tanguero y de la diversión matizada con demostraciones de baile , algunas noches y en los rincones … del patio ; tuvo su apogeo entre 1903 y 1912, cuando el local cerró definitivamente sus puertas. En ese momento de su historia el concesionario era Anselmo Tarana, hasta 1908  y luego hasta el verano de 1912, continúan Aquiles Giardini y Payot. Pero sus más asiduos concurrentes lo seguían llamando “Lo de Hansen”; a pesar de que el inolvidable alemán ya no estaba físicamente ; lo había regenteado desde sus comienzos en 1876 hasta su muerte , en abril de 1892  . Es reconocible en este episodio el comienzo de la construcción del mito como mojón de la diversión nocturna y tanguera después, fundamentalmente para una Buenos Aires aristocrática que usaba y custodiaba celosamente sus reductos exclusivos.

 

La fuerza , el tesón en la permanencia y la creatividad, del alemán Hansen le habían incorporado su espíritu durante dieciséis años , a un edificio  remodelado por su ingenio , en un lugar apartado  con la necesaria privacidad, diferente y prestigioso para los noctámbulos, con música también, aunque el tango se incorporó como tal en la concesión de Tarana en 1903. Así surge de los comentarios de sus más conspicuos concurrentes : Ricardo Güiraldes, Amadeo Lastra y de sus músicos como Ernesto Ponzio y Roberto Firpo.

 

Pero como la evolución de las especies , el ciclo se cierra y el verano de 1912, el Intendente Joaquín de Anchorena ordena su demolición al amparo de la idea de lograr un mejor acceso al cercano Velódromo. Lo reemplaza una calle asfaltada, que deja bajo tierra un tiempo de ocio y diversión , de ensoñaciones nocturnas con el entonces cercano horizonte del Río de la Plata , con la presencia insinuante de bellas mujeres ,unidas en el abrazo intimista del baile tanguero y en la copa compartida de champagne que trasladaba a los aristócratas al paisaje de la noche parisina ,con un delicioso clima transgresor que todavía marcaba el tango, en los ambientes de la alta sociedad.

 

Año 1912, desaparece Hansen. Los lagos de Palermo recibían las nuevas obras de Carlos Thays  y Benito Carrasco , se estaban transformando en un paseo masivo y progresivamente de carácter popular que aún está vigente, de la mano de una expresión paisajística que permitía el libre uso del espacio verde. Las costumbres evolucionaban, las nuevas leyes electorales avizoraban el acceso de una nueva clase social ; las nacientes leyes obreras como el descanso dominical , aumentaban las posibilidades del tiempo libre para una enorme franja de habitantes de la ciudad ; la exclusividad de la aristocracia comenzaba un tiempo crítico.

La desaparición de ”Lo de Hansen” , no fue un hecho aislado, como tampoco lo son las transformaciones urbanas, siempre expresan la respuesta a nuevas necesidades sociales. Por encima de las connotaciones históricas el mítico lugar nocturno , seguirá conformando el conjunto de espacios identitarios, en una ciudad donde sus habitantes han decidido hace tiempo recrear su historia , para defenderla ,buceando en sus páginas más célebres.

Néstor Zakim